Jacques-Yves Cousteau: oceanógrafo, realizador, inventor, oficial de marina... y profeta. De entre los muchos papeles desempeñados en su vida, destaca su capacidad para ver el futuro en las profundidades oceánicas. Desde sus primeras inmersiones, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, no sólo estuvo movido por su curiosidad infinita, sino por el desasosiego de una contaminación creciente, la explotación de los mares y la escalada atómica. El hombre del gorro de Toulon rojo se coló en los televisores de medio mundo con sus más de 130 documentales con un mensaje vigente hoy. Este investigador y naturalista francés es una especie de gurú espiritual que no sólo marcó las bases del buceo moderno, inventando en 1943, junto al ingeniero francés Emile Gagnan, la escafandra autónoma -el regulador que permitió respirar y moverse con total libertad bajo el mar-, sino que también marcó la filosofía de nuestro papel en los océanos, el concepto conservacionista que hoy caracteriza a los buceadores. Hasta ese momento, el océano se consideraba un lugar peligroso e inaccesible. Hoy, cerca de ocho millones de personas practican el submarinismo en todo el mundo con total seguridad. Sin embargo, más importante que todo esto fue el papel de divulgador que desempeñó a lo largo de su vida. Con sus más de 120 documentales sobre la vida bajo el mar, consiguió abrir una ventana a una dimensión que, hasta ese momento, estaba llena de oscuridad y misterio. Cousteau se fue, pero su legado permanecerá eternamente. "Cada vez que nos sumergimos, aprendemos algo nuevo", era una de sus frases que narraba en sus documentales, y es que, afortunadamente, nuestros océanos aún siguen siendo mundos inescrutables. En homenaje al centenario de su nacimiento desde las reservas marinas queremos reflejar una carta de su hijo Jean-Michel Cousteau a su padre, publicada en el diario El Mundo, en un reportaje especial para la conmemoración de esta fecha: "Cuanto más recuerdo a mi padre, Jacques Cousteau, y su legado, más cuenta me doy que sigue siendo parte de nuestra época y de lo diferentes que podrían ser las cosas si le hubiéramos escuchado con más atención. Fue un pionero que echó abajo barreras con sus inventos, como el Aqualung y las cámaras subacuáticas, pero también un visionario en el sentido de que comprendió las consecuencias de las tendencias de las que fue testigo. Previó los riesgos de la tecnología nuclear y de sus residuos; predijo las devastadoras consecuencias de la pesca abusiva, de la sobreexplotación del hábitat y del cambio climático; habló sistemáticamente del crecimiento de la población y de las tensiones del sistema natural. Jacques Cousteau, junto con mi hermano y conmigo, fundó una de las primeras organizaciones ecologistas para dar a conocer los problemas que nos íbamos encontrando y para educar a la opinión pública internacional. Escribió para las Naciones Unidas el borrador de los 'Derechos de las Generaciones Futuras' como vehículo para expresar el principio de sostenibilidad y de gestión responsable de los recursos. Constantemente puso su brillante intelecto al servicio de soluciones globales. Ejerció otro poder que es muy poco frecuente: de una manera poética, dio sentido a lo incomprensible y nos proporcionó a cada uno de nosotros una forma de observar el mundo que hacía posible la acción. Por ejemplo, en una orilla aislada del Amazonas, justo cuando acabábamos de soltar una nutria marina a la que habíamos llamado Cacha, mi padre se volvió hacia mí y, desbordado por la emoción, me dijo: «Jean-Michel, la gente protege lo que ama». Eso ha representado para mí el lema del trabajo de mi padre y un símbolo del compromiso que todos nosotros debemos asumir con el mundo que nos rodea". |